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"El secreto del éxito en el diseño de interiores: La importancia de la acústica en los salones"

En mi vida cotidiana, me he acostumbrado a lidiar con diversos problemas y carencias que, aunque sean difíciles de resolver, parecen ser parte inseparable de mi día a día.

Dolores de espalda, infecciones leves, sinusitis, fugas de agua, vidrios rotos, fallas en el automóvil, empleos desagradables, zapatos incómodos, escritorios desordenados, tabaquismo, y la lista continúa.


Estos absurdos hábitos son temas importantes de estudio para la psicología, pero también se pueden observar fenómenos similares a nivel sociocultural. Es difícil comprender cómo un pueblo puede tolerar cierto gobierno durante tanto tiempo, o por qué se acepta y justifica el maltrato a los niños cuando, según los adultos, se "portan mal". Incluso el daño al medio ambiente, que parece ser cínico e incontrolable.


Entre todos estos problemas, algunos son menos evidentes pero más perjudiciales. Estos problemas ocultos, que pasan desapercibidos para muchos, tienen graves consecuencias cuando no se resuelven adecuadamente.



Una de estas problemáticas se encuentra en nuestras escuelas, escondida entre una serie de prioridades que compiten por su importancia política, en lugar de su importancia real. ¿Quién podría sospechar que la acústica de los salones de clase es más importante que la pintura de la fachada, la fiesta de fin de año o el festival del Día del Maestro? Sin embargo, un simple experimento de dicción confirma una situación alarmante: la inteligibilidad promedio en nuestros salones de clase no supera el 65%. Esto significa que de cada diez palabras pronunciadas por el profesor, solo se perciben correctamente 6.5 de ellas. En otras palabras, nuestros alumnos se pierden 3.5 palabras de cada diez, a pesar de que se les exige el pago total de la colegiatura. Aun así, se les somete a exámenes esperando que obtengan las calificaciones más altas.


Pero no se trata de injusticia, sino de ignorancia. Aquí no hay culpables, solo víctimas: todos nosotros.

La necesidad de una acústica adecuada en el salón de clases y los métodos para lograrla han sido conocidos durante décadas, pero esta información no ha sido transmitida de manera adecuada a los arquitectos, planificadores, administradores, maestros y padres de familia involucrados en la construcción de escuelas.


La degradación del aprendizaje debido a una acústica deficiente en nuestras aulas va más allá de ese "insignificante" 35%. La comunicación interpersonal no se basa únicamente en palabras simples, sino en conceptos. La información que percibe cada ser humano es interpretada de acuerdo con sus propios modelos mentales, y todos tenemos la tendencia a escuchar lo que queremos escuchar en lugar de lo que realmente se dice.



Si a esta falta natural de objetividad le agregamos la falta de información (aunque sea solo un 35%), el resultado es el caos. Esa tercera parte de estructura gramatical que falta puede encontrarse en las capas menos importantes, pero también puede estar en la base conceptual, modificando por completo el sentido de una frase.


Podría argumentarse que es una cuestión de adaptación, que uno se acostumbra a este nivel de inteligibilidad y se concentra más en el lenguaje corporal y otros factores para comprender el mensaje. Pero, ¿es justo pedirle a una persona con discapacidad auditiva que se adapte a una deficiencia causada por la negligencia humana? ¿Es justo pedirle a alguien con dificultades de aprendizaje que se adapte a un entorno que genera confusión e inseguridad?


En el mundo de hoy, inundado de tecnología y distracciones, el ambiente educativo debe ser lo suficientemente estimulante y atractivo para captar la atención de los estudiantes. El ruido ambiental y la reverberación excesiva en las aulas son enemigos de la concentración y el aprendizaje efectivo.



Es hora de que comencemos a prestar atención a esta problemática. El Acta para los Americanos Discapacitados (ADA) en los Estados Unidos ha revolucionado la construcción de escuelas, enfocándose en las necesidades de las personas con discapacidades y revalorizando la importancia de la acústica en el proceso de aprendizaje. Ha llegado el momento de que tomemos conciencia de esta realidad y exijamos un cambio.

La solución a los problemas acústicos en las aulas no es complicada ni costosa. Se trata de controlar el ruido y la reverberación, y esto se puede lograr mediante el sentido común. Cerrar ventanas y puertas, ajustar la velocidad de los sistemas de aire acondicionado, eliminar fuentes de ruido innecesarias y utilizar materiales de construcción que absorban el sonido son medidas sencillas pero efectivas.


Me gustaría concluir diciendo que mejorar la acústica en los salones de clase puede tener un impacto significativo en la comunicación, el confort y el aprovechamiento de los estudiantes. Aunque la acústica ha sido subestimada en el entorno educativo, es un factor importante que debemos considerar y abordar de manera activa para mejorar el proceso de aprendizaje de las futuras generaciones. No podemos permitir que esta problemática continúe pasando desapercibida. ¡Es hora de que hablemos en voz alta sobre la acústica en las aulas!


Roberto Velazco

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